Esta semana vamos a centrar parte de  nuestra atención en pequeñas (y notables) propuestas con Japón como denomiación de origen, con el propósito de dar a conocer algunas de las propuestas que más nos han llamado la atención de aquellos lares de un tiempo a esta parte. Arranca el mini-ciclo Boe Oakner, reciente incorporación al siempre interesante sello Ano(t)racks, del que ya hablamos cuando hablamos de aquella maravilla llamada Slow Beach. Por RUBÉN IZQUIERDO

  • Con tan solo 17 años, Boe Oakner ha logrado editar ya dos referencias discográficas y fichar por uno de los sellos más emergentes de su país
  • Tras una primera aproximación instrumental Boe Oakner encuentra su sonido

No es la primera vez que nos referimos al sello discográfico Ano(t)racks, y es probable que no sea la última, si atendemos a la solidez de su catálogo musical. La primera vez que nos fijamos en su producción fue el pasado mes de Septiembre, cuando caímos rendidos a Slow Beach, propuesta estival con claras evocaciones a California que nos sirvió para referirnos a ellos como una de las revelaciones del curso, en su vertiente menos mediática.

Ahora volvemos al sello para hablar de Boe Oakner, proyecto integrado por una jovencísima japonesa de tan solo 17 años, criada en la prefectura de Nagano, desde donde ha presentado dos EP’s con muy poco margen de diferencia, con el mérito añadido de que las dos publicaciones disponen de una sonoridad diferenciada, tal vez por aquello de estar aún imbuida en la búsqueda de su sonido, pasando de un ambient instrumental y minimalista en su primera entrega a piezas ya con lírica en su segunda aproximación al formato EP, donde sigue abogando por sonidos sencillos, cortes delicados  con los que seguir dando forma a su sonido.

Praha fue su primera referencia discográfica. Apareció en la red el pasado mes de Agosto, aunque Ano(t)traks la ha recuperado ahora, aprovechando la salida al mercado de la segunda de ellas, (Jesus Has Given and) XXX, seguramente la más lograda de las dos, sabiendo conjugar de manera soberbia algunos de los tags disponibles en la descripción de su sonido (hay electróncia, como hay evocaciones surferas, c86 o twee pop), configurando un bonito collage que se nos hace corto, y que la subraya como nueva autora a tener en consideración.

Su carta de presentación, Praha, pasó tal vez más desapercibida, por aquello de que no teníamos referencias previas, desplegando un catálogo más ambient, una acertada sucesión de sonidos líquidos que daban como resultado un EP sereno, mecido por cierta electrónica (sobre todo en Mariene), trufando en el camino una dócil carta de presentación, muy por encima de propuestas con más recorrido musical detrás.

El EP empezaba muy arriba ya con Praha en su versión single, suaves melodías instrumentales en las que el agua jugaba un papel importante, revelándose prácticamente como un instrumento más, para seguir con Lavrentij, de nuevo con la sensibilidad a flor de piel, jugando bien sus bazas instrumentales, explotadas también con inteligencia en Marlene, donde introducía el piano y en la conclusiva Lumiere, de la que ofrecía un remix a modo de bonus track, ofreciendo en su versión original una inteligente explotación de los recursos, utilizando entre otros sonidos el del agua goteando en los grifos de su casa, desde donde grabó su carta de presentación.

Lo nuevo sorprende sobre todo por los cambios de registro planteados, la incursión de elementos vocales y la contundencia de un mensaje que llega, apoyándose en esos nuevos registros, evidencia clara de que estamos ante un nombre a seguir, bastante por encima de lo yo intuido en primera instancia, cuando sorprendió.

Sin renunciar de entrada al minimalismo marca de la casa, Boe Oakner nos sorprende de entrada introduciendo voces a su nueva propuesta, arrancada casi como una nana –de nuevo con fuerte presencia de lo líquido, un canto suave que nos envuelve en cierta mística, acentuada por ese descreído título, centrado en oportunidades pérdidas y en desapegos espirituales, confiriendo un estado de nostalgia del que el álbum sale bien parado gracias al encanto natural intrínseca a la propuesta-.

Desarmados de entrada, el álbum se mantiene en lo minimal según avanza el tracklist, hasta reencontrarnos con Praha, puede que el tema al que le ha dado más importancia hasta el momento vista su incursión, ahora en versión vocal, en el EP con el que aspira a consolidar todo lo intuido en su primera aproximación discográfica. La nostalgia sugerida se dispara, por ejemplo, en la frágil Cherenkov, buen compendio de todo lo mostrado hasta el momento, para un trabajo redondo que, buscándole algo malo, nos deja con ganas de más.

Nuevo acierto pues de Ano(t)racks, interesantísimo sello con base en Japón que sigue regalándonos una sugerente muestra discográfica demostrándonos, tal vez, que estamos ante un gran momento en lo referente a proyectos inteligentes, pequeños y autogestionados como el que aquí nos ocupa