Ainara LeGardon

Ainara LeGardon, en una imagen promocional | Álvaro Sanz

La vieja Framus Sorella empieza a rugir. Xabi y yo empezamos a sonreír. ‘Tú toca’, me dice. Así pasan dos horas. Acabo cargándome uno de los altavoces, y ni siquiera me importa. De esa improvisación surge ‘Déjalo’, la primera canción con la que este disco comienza a tomar forma”. Llegar a las canciones de este Ainara LeGardon (Autoproducido, 2017) al tiempo que se leen las notas promocionales adjuntas en Bandcamp tiene algo de revelador y le da a su desarrollo una nueva y apasionante lectura, la del artista enfrentado a su propia obra, dejándonos encarar de perfil las primeras pinceladas del lienzo. No es poca cosa.

El sexto trabajo de estudio de Ainara, titulado no por casualidad de manera homónima -¿qué son si no estas canciones que su aproximación más pura a lo que llevaba tiempo buscando?- es probablemente el más arriesgado y libre de los que ha acometido hasta la fecha, un trabajo descarnado, asumido tras el reto de encerrarse a trabajar con Xabier Erkizia. “Haber encontrado a la persona que no solo se emociona de igual forma que yo probando nuevos sonidos y experimentando con todas las herramientas a nuestro alcance” ha supuesto al fin y al cabo un episodio clave en la concepción de este disco, uno de los más honestos del pasado curso, sujeto a un sinuoso proceso creativo, tal y como lo prueba que “ni la Sorella ni el arpegio en forma de vals irregular” que daba origen a ‘Déjalo’ llegaron a la versión definitiva de la canción. Su idea original, como otras del disco, terminaba así “descartada“, sentando las claves de un proceso crudo, en el que la idea primigenia quedaba “retorcida” hasta mutarse en otra, evolucionada hasta que su esencia sea posteriormente descartada.

Ocho meses después de empezar a trabajar en el disco, y algún que otro altavoz caído también con honores, el sexto disco de Ainara LeGardon estaba listo, marcando la pauta para un prolífico 2017, año en el que abarcó la edición de SGAE, El Monopolio En Decadencia y en el que estreno la pieza El Fin de Las Cosas – Pieza de danza de Eva Guerrero con música de Ainara LeGardon, que dejamos disponible sobre estas líneas. En el álbum intervienen también Héctor Bardisa y Rubén Martínez, que participaron en tres sesiones distintas, con varios meses de diferencia, conjugándose ese estacionamiento de cambio permanente, mutado hasta la plasmación final de la grabación. “Jugamos a ser arqueólogos, expertos en tratamiento de residuos, cartógrafos y técnicos en apertura de carreteras por encima de la copa de los árboles. Ninguna idea ha sido truncada. Algunas ni se oyen ni están, pero hacen sombra“, concede Ainara al final del texto, la hoja de ruta emocional, o el mapa hecho a base de ecos, si la citamos a ella, con la que adentrarse en un disco repleto de hallazgos, hallazgos sometidos aquí al más difícil todavía, y que ha acrecentado la búsqueda del sonido interior más que en otros discos, tal y como ella misma nos explica en esta entrevista.

Si hubiésemos hecho eso de las listas, el álbum de Ainara hubiese quedado muy arriba.

TEXTO: R. IZQUIERDO | FOTOGRAFÍA: ÁLVARO SANZ, cedida por AINARA LEGARDON

“Hasta la fecha había varias Ainaras en lo musical. Este disco las refleja casi todas”

Hola Ainara, primero de todo gracias por atendernos. El disco que lanzaste en octubre es tu sexto LP. ¿Cuesta mantener la motivación? Normalmente, y no tanto en este disco dada su naturaleza experimental, ¿qué es lo que te impulsa para componer?

Normalmente no me cuesta mantener la motivación, sino todo lo contrario: frenar mis impulsos de hacer cosas. Cuanto más activa estoy artísticamente hablando, más proyectos me proponen, más ideas surgen, más ganas tengo de seguir tocando, escribiendo, estudiando y aprendiendo. El impulso genera impulso. El problema en mi caso no es la falta de motivación, sino el lograr entender dónde poner el freno para poder dedicarme a cada proyecto como se merece.

Creo que en la grabación con Xabier has llevado a cabo cambios respecto a trabajos anteriores. ¿Qué puedes contarnos del proceso? ¿Y qué te ha aportado a nivel artístico ese cambio?

He dejado que ocurran muchos cambios, efectivamente. Cambios que llegan en el momento correcto, cuando he sentido que estaba preparada para afrontarlos. La idea de no trabajar sobre canciones cerradas, sino crearlas en el propio estudio de grabación, moldearlas en laboratorio, y que luego tomen vida en otros formatos compatibles con la puesta en escena, ha sido uno de los retos. Hasta ahora había trabajado de forma inversa: las canciones se componían y testaban en directo durante años. Sufrían una lenta transformación que podía abarcar hasta una década, forjándose a base de mostrarse al público y a mí misma. Las que sobrevivían a ese proceso se grababan en estudio.  Ahora ha ocurrido lo contrario, han sido fecundadas in vitro, y crecen ahora en los escenarios, moldeándose de forma distinta. El set que llevo en directo combina la guitarra eléctrica con otros elementos que hasta ahora tenía relegados únicamente para las performances sonoras o los conciertos de improvisación libre (eco de cinta, osciladores, etc.). Además de esta novedad en cuanto al proceso creativo, el cambio de idioma ha supuesto otro ejercicio más. Todo ello me ha aportado un buen desenlace a los episodios de “esquizofrenia musical” que venía sufriendo hasta ahora. Hay varias Ainaras en lo musical, y este disco las refleja casi todas.

El disco aparece autoeditado, y debo decirte que me encanta el encabezado de la nota de prensa: “Salgo del estudio cantando en otro idioma, con dos altavoces menos, un par de guitarras recuperadas y un mapa hecho a base de ecos. Solo me falta encontrar título. O tal vez no”. ¿Lo consideras tu trabajo más personal?

Suelo explicarlo de esta forma: es el disco en el que más yo soy, pero que menos mío es. Ha sido creado junto a Xabier, y mi relación con mis cómplices musicales habituales (Héctor Bardisa y Rubén Martínez) ha sido abordada desde otro punto. Con cada disco, nuestra relación personal y musical crece. Pero con este en concreto se ha expandido de otra manera en la que no lo había hecho hasta ahora.

No sé si tus recientes trabajos sobre la SGAE hace variar tu planteamiento sobre la industria y refuerza tu apuesta por la autoedición. ¿Estamos en un buen momento para sacar discos?

Para algunas personas siempre, no importa cómo ni cuándo, será buen momento para sacar discos. Para otras, siempre habrá sido y será malo. En estos momentos me veo a mí misma tan alejada de la industria y todo lo que representa, que el momento presente no afecta para nada a mis ganas de seguir haciendo música, en el formato que sea. Quizás el próximo formato que elija no sea el de un fonograma. ¿Quién sabe?

Alternarás la gira con las charlas sobre “SGAE: el monopolio de la decadencia”. Tanto las charlas como los talleres forman parte activa de tu faceta dentro del mundo de la música. 

Bueno, no solo imparto charlas sobre SGAE. Es más, estoy tratando de minimizar el protagonismo que SGAE cobra en mi faceta como divulgadora de la Propiedad Intelectual. Ofrezco talleres de autogestión, enseño a diferenciar los distintos tipos de contratos y a analizar qué y por qué firmar. A entender qué ocurre cuando divulgamos nuestra obra y la responsabilidad que tenemos como creadores.

¿Echas en falta más implicación por parte de otros autores?

No echo tanto en falta la implicación por parte de otros autores (ahora mismo se están creando una serie de colectivos que luchan por dignificar nuestra profesión), sino que lo que echo en falta es información, educación y formación no sesgada. Creo que hace falta realizar pedagogía no solo en las aulas, sino a través de nuestros actos cotidianos como músicos: nuestras decisiones o el cómo nos involucramos en las propias opciones que tomamos. Mostrar el pequeño coraje necesario para rechazar todo aquello que no va con nosotros o no creemos justo. Mostrar, también, la valentía necesaria para aceptar retos que nos hagan crecer.

Volviendo al disco, ‘Déjalo’ parte de una improvisación en la que te cargaste uno de esos altavoces. La experimentación o la improvisación es obvio que no es algo nuevo para ti, aunque en esta ocasión el ejercicio requería una prueba especial: llegaste sin ninguna canción cerrada. ¿Tuviste charlas previas con Xabier a la hora de enfocar el trabajo?

Muchas, claro. Nos conocemos desde hace tiempo y habíamos trabajado juntos en proyectos puntuales. Es necesario crear un espacio de confianza con alguien a quien vas a mostrar tus ideas sin moldear, ideas que incluyen miserias, fragilidades y dudas. Antes de tomar la decisión de trabajar en estudio con Xabier, ya teníamos un pequeño espacio de confianza establecido. Por su parte, supongo que también tuvo que tener claro a la hora de embarcarse en esta aventura, que su compañera de viaje iba a estar dispuesta a dialogar musicalmente, a argumentar y defender, a dejarse convencer, y a confiar. Eso sobre todo: confiar y no tener miedo a los cambios. Durante los más de 8 meses que ha durado el proceso de producción del disco hemos invertido probablemente más tiempo en conversar que en grabar música. Y os puedo asegurar que ha sido un auténtico placer.

Por lo que cuentas en la nota el trabajo con Xabi ha sido muy intenso, y esos caminos comunes han sido casi decisivos a la hora de dar forma al álbum. ¿Marca un antes y un después a la hora de enfocar tu proceso creativo? ¿Consideras el disco un punto y a parte en tu manera de trabajar y funcionar como autora?

Es un punto de inflexión que muestra un cambio, pero no diría que un punto y a parte. El hecho de que haya trabajado así en este disco no quiere decir que adopte este método por sistema a partir de ahora. Quiero seguir haciendo otras cosas y buscando otras maneras de hacer. De hecho, mientras escribo esto me preparo para volver a grabar junto a Xabier una obra que está concebida desde otro punto de vista, que nos va a llevar a trabajar de otra manera.

Sigo leyendo: “la idea original que vertebra (la canción) acaba descartándose. Se retuerce una idea primigénea y se convierte en otra”. ¿Es algo que vais a llevar al directo? ¿Creéis que estás canciones estarán en permanente mutación?

Sí, ya lo estamos comprobando. Hasta el momento para la puesta en escena hemos trabajado tres formatos diferentes: quinteto (con Xabier y Hannot Mintegia), cuarteto (con Xabier), y trío (la formación básica formada por Héctor, Rubén y yo). Ayer comentaba con Xabier la posibilidad de encontrar la forma de llevar este disco al directo en formato dúo, junto a él. O dúo, junto a Hannot. O en solitario. Son muchas vías posibles de exploración que aún nos van a permitir encontrar cantidad de sorpresas por el camino.

¿Cómo fue el trabajo con tus compañeros de banda en este camino? ¿Les costó adaptarse?

Son personas con una capacidad de adaptación grandísima, con las que comparto por un lado las ganas de aprender, y por otro un nivel de confianza muy especial. Esta confianza se ha extendido muy rápidamente hacia Xabier, y viceversa. Hacer que coincidieran ha sido muy parecido al momento en el que presenté a Héctor, Hannot y Rubén, hace ya muchos años. Entre ellos no se conocían, pero yo tenía muy claro, como quien recluta a los superhéroes adecuados para una misión concreta, que se iban a llevar muy bien musical y personalmente.

Héctor y Rubén estuvieron en tres de las sesiones. ¿Qué sinergias se crearon respecto a las creadas previamente con Xabier?

Volvemos a la cuestión de la confianza. A veces Xabier nos pedía que hiciéramos/tocáramos/cantáramos algo. Daba indicaciones muy concretas. En esos momentos no sabíamos muy bien ni por qué ni para qué, pero no lo cuestionábamos porque sabíamos que estaba utilizando a la banda como instrumento. Somos su herramienta. A través de nosotros, y casi a tiempo real, es capaz de comprobar si algo va a funcionar musicalmente o no. Es capaz de vislumbrar ciertas cosas muchísimo antes que yo, por ejemplo. En cuanto al asunto de la sinergia, alguien como Xabier sabe percibir hasta dónde te puede pedir y lo que él puede dar a cambio. Es muy lúcido en ese sentido, y esto hace que las diferentes causas se combinen ofreciendo un efecto cuyo resultado es mucho mayor que la suma individual de nuestras aportaciones por separado.

Destaca también la colaboración de Hannot, en una de las últimas sesiones. ¿Qué recuerdas de aquella tarde?

Hannot no conocía previamente las canciones en las que iba a grabar, pues el efecto sorpresa era parte del plan. Recuerdo su cara, dubitativa, pero sonriente. Confiando. Mientras grababa la guitarra en “Aquellos” yo estaba junto a él, en la sala de grabación, ayudándole a modular la distorsión y el fuzz, e indicándole las partes del tema. Acabó siendo un juego en el que yo le ponía zancadillas, golpeaba inesperadamente la caja de su antigua Klira, y él salía siempre airoso.

Hannot ha colaborado también en diferentes elementos visuales del álbum. ¿Qué importancia le das a esa faceta extramusical?

Todo ello forma parte de la imagen que acompaña a estas canciones, de la representación que me gusta dar a la música. Todo está relacionado y se comunica entre sí. Hannot trabaja en el ámbito audiovisual, y ambos hemos colaborado en la música desde hace más de 15 años. Es la persona ideal para trasladar a la imagen mis pequeñas intuiciones.

Estos días -nota: la entrevista se realizó a mediados de diciembre-, antes de nuestro parón- arranca de hecho tu gira. El directo ha sido siempre uno de tus fuertes, recuerdo haber ido a conciertos tuyos con gente que no te había visto y salir impresionados. Te preguntaba al principio por la motivación a la hora de seguir componiendo. En el directo, ¿son situaciones similares?

En el escenario se magnifican esas sensaciones de las que hablábamos antes. Los momentos en los que estoy junto a mis compañeros, con la guitarra en las manos, resultan ser un combustible de lo más potente que dota de razón al resto de cosas que suceden a mi alrededor.

Has alternado festivales con espacios autogestionados y salas convencionales. ¿En qué espacios crees que encajará más el disco?

Siempre depende, no existe una fórmula concreta ni unos espacios que a priori sepamos que van a funcionar mejor que otros. En este inicio de gira hemos pasado desde el gran atrio de Azkuna Zentroa (La Alhóndiga de Bilbao), hasta teatros (Teatro del Mercado en Zaragoza), salas pequeñas (Jazz Cava de Vic), bares (Kataku en Bera), o salas de mediano formato. Donde tengo claro que mi propuesta no funciona (no lo ha hecho desde hace tiempo) es en grandes festivales. Hace mucho que no toco en macrofestivales, a pesar de que ha habido ofertas para ello, por varias razones. Algunas tienen que ver con que esos espacios y entornos no tienen nada que ver con la forma en la que yo entiendo se debe disfrutar de la música, y porque nuestra propuesta se desvirtúa completamente en contextos así.

Ya acabo. No encontraste título para el disco. ¿Lo encontrarás al acabar la gira?

Mantengo que “Ainara LeGardon” puede ser el mejor de los títulos para este disco.

Escucha Ainara LeGardon en Bandcamp: