Después de un mes de febrero muy intenso por el que pasaron un total de 18 bandas, previamente seleccionadas de la amplísima lista de bandas inscritas para el concurso, el Bala Perduda alcanza la final en su quinta edición con todo por decidir. Este viernes a partir de las 18:00h el escenario principal de Sala Apolo será testigo directo del intento de los seis finalistas por llevarse el certamen al local de ensayo, y con el los generosos premios destinados al ganador, entre los que destaca la posibilidad de actuar en el recinto del Fòrum de Primavera Sound, grabar un LP en los estudios de Aclam Records, con masterización de Hitmakers Mastering y distribución digital de La Cúpula y actuar en el programa Feeel de Betevé.

La final, que en principio será retransmitida por el equipo de 2000 Enemigos Mortales para Scanner FM pretende ser un lienzo de la escena emergente en clave local, algo que ha hecho seguramente que el cartel sea más ecléctico que nunca en cuanto a estilos, y que esté todo por decidir. Recuperamos el cartel, y con él algunas de las declaraciones que nos realizaron cada uno de los seis finalistas antes de jugarse el pase a la final, por tal de seguir conociéndoles un poco más.

Las declaraciones provienen de las previas que realizamos de cada semifinal, y pueden consultarse de manera íntegra aquí.

Texto de R. IZQUIERDO | Fotografía de portada: imágenes cedidas por SALA APOLO y BALA PERDUDA

MONSIEUR CACTUS: Los primeros en clasificarse para la final. Juntos desde que comenzasen a colaborar “en un cabaret bastante punki del Raval”, llevan desde entonces trabajando codo con codo, desarrollando “temas propios e investigando que forma queríamos darle al proyecto”. Pese a haber tocado en escenarios de todo tipo, se han hecho fuertes “en la escena queer underground”, desde la que trabajan su “pop electrónico, contundente y folklorico” para vertebrar su propuesta “queer y sintetizada”

AGOST:  Propuesta a medio camino entre la electrónica rugosa, el shoegaze y dreampop, el proyecto arrancó “por la necesidad de experimentar con el sonido hace dos años”, apostando por un formato “más electrónico”, en el que destaca el uso de “sintetizadores, guitarras percusión o theremin“. Tras un 2017 muy intenso encaran un año de cambios e impulsos, que podrían acelerar en caso de llevarse el concurso.

OLD TUCSON: Rock and roll con raíces sureñas y fuzz. Ellos nos recuerdan que evocan “al polvo de Arizona”, origen claro que parte de una premisa: “gente a la que le gusta la música y disfruta haciéndola”. Antes de meterse en la final lanzaron en digital su primer EP, un trabajo en el que se identifica su gusto por “el sonido setentero, mezclado con bases blues rock y stoner”.

VETVIOLET: El proyecto en solitario de Brian Silva de The Zephyr Bones recoge su gusto por sonidos psicodélicos, con los que traza paisajes evocadores. Sus orígenes descansan en las giras de su proyecto principal, cuando descubrió junto al batería Marc López “un sonido más potente por desarrollar”. La propuesta parte de una premisa: “en el momento de interpretar las canciones cada uno es libre de aportar sus propios conocimientos”, todo ello para mecer una propuesta que nos definieron en su momento con algo de ironía: son como “Justin Bieber en un Psych Fest bajo los efectos de trufas alucinógenas”.

O’o: Dúo francés asentado en Barcelona, mezclan temas electrónicos dando pie a pasajes delicados y atronadores. A ello llegan conjugando “una sensibilidad artística muy similar”, puesta en relación en Barcelona después de “años viviendo en lugares diferentes”. Su formación musical proviene del Conservatorio, aunque han apostado por “experimentar, probar estructuras diferentes y jugar con sonidos”, explorando ese “mundo infinito por experimentar” del que ha salido por ahora un primer EP que recoge su gusto por la electrónica y por las “texturas orgánizas, sintetizadores analógocis, y guitaras electrónicas”. Pese a ello, prima el tratamiento vocal, “a veces naturales y vulnerables, otras trabajadas y distorsionadas”.

North State:  Una de las propuestas más ascendentes del panorama electrónico local, el proyecto integrado por los hermanos Vehí se puso en marcha hace ahora unos dos años. “Escuchaba a Laia cantar sus propias canciones en casa y alucinaba, y hará unos dos años, cuando empecé a estudiar producción musical en EUMES, coincidió en que los dos teníamos muchas ganas de hacer música 24/7. Fue un buen momento para tratar de hacer algo juntos, así que al mes me mandó la base de Downhillin’ y fue como escuchar lo que siempre había querido escuchar”. Su apuesta es la de “seguir sacando singles uno a uno, mientras sigamos aprendiendo en paralelo y nos desarrollamos como proyecto”, algo que pondrán a prueba el viernes en la gran final.